Significado del Ojo del Padre

Símbolo del Ojo de Dios

Aachen, AlemanhaEn los primeros siglos del cristianismo, el arte cristiano no se preocupó de representar a Dios. Las pinturas, iconos o esculturas se relacionaban con Jesucristo, la Virgen María y los santos… A partir de la Edad Media aparecen las primeras representaciones, figurando el Dios Creador, envuelto en nubes, en gran majestad y poder, con la mano derecho extendida y el anular apuntando al universo. Es la mano derecha de Dios que realiza prodigios, según la expresión: Digitus Dei est hic [Vulgata, Éxodo 8.19]. El dedo de Dios está aquí. En muchas oportunidades Dios fue representado simplemente por la mano saliendo de una nube. En los siglos XVIII y XIX, la Edad Contemporánea, el arte cristiano comenzó a representar el ojo como símbolo de Dios, en iglesias y capillas, especialmente en los portales, sobre los púlpitos, en los altares y en la pintura de los techos. El ojo de Dios era representado en medio de rayos de luz, también sobre una nube, y en general asociado a un triángulo símbolo de la Santísima Trinidad. Era el esfuerzo de la Iglesia por atraer nuevamente al corazón y la vida del hombre la realidad de la presencia de Dios, en una época marcada por la ausencia de Dios.

El Ojo de Dios era representado generalmente dentro de un triángulo. Los ángulos iguales del triángulo sirven para explicar el misterio de Dios uno y trino. Un solo Dios, y tres personas distintas, Padre, Hijo y Espíritu Santo. No son tres dioses, sino uno solo. “La Trinidad es una. No confesamos tres dioses sino un solo Dios en tres personas: “la Trinidad consubstancial”, nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica.

En el centro del triángulo está el ojo, representando la omnipresencia de Dios, a quien nada se oculta, tal como leemos en la Escritura.

1. “Los ojos del Señor observan los caminos del hombre y vigilan todos sus pasos” (Proverbios 5,21).

2. “Los ojos del Señor son infinitamente más luminosos que el sol, observan todos los caminos de los hombres y penetran en los rincones más ocultos. Antes de ser creadas, todas las cosas le eran conocidas” (Eclesiástico 23,19s).
3. “Tus ojos ya veían mis acciones y ya estaban escritas en tu libro; los días de mi vida estaban ya trazado antes que ni uno de ellos existiera”(Cf. Salmo 139, 16).

¿Desde cuándo tenemos el Símbolo del Padre en los Santuarios de Schoenstatt?

Su historia se inició en América del Sur, cuando en 1947, nuestro Padre y Fundador visitó las Provincias de las Hermanas. Cada Provincia escogió su ideal e hizo su bandera. La Provincia de Uruguay/Argentina, que deseaba ser Familia de Nazaret, Provincia del Padre, decidió bordar el ojo de Dios Padre en su bandera. En la noche de Navidad de 1948, junto al Padre colocaron un símbolo del ojo de Dios Padre en el Santuario. Este primer símbolo hecho en madera, fue pintado por la artista Irma Ulmer. Nuestro Fundador se alegró mucho y dio gran importancia a este acontecimiento, porque era expresión del nacimiento de una corriente del Padre en la Familia. Esto es, Dios como Padre, pero también una corriente en torno al Fundador como Padre de esta Familia.

En 1950, la Provincia de las Hermanas llamada Providentia en Metternich, Alemania, de la cual era Provincial la Hermana Emilie, también colocó en la noche de Navidad, el Símbolo de Dios Padre por manos del Padre Kentenich. Kentenich. Como Provincia Providencia escogieron el ojo de Dios para expresar que debían vivir bajo la mirada amorosa de Dios Padre providente.

Iniciaba la Familia en esa época, una corriente del Padre y, con ella, el deseo de expresarla en una imagen, un símbolo visible.

Además de estos dos Santuarios, nuestro Padre y Fundador entronizó el ojo del Padre en los siguientes Santuarios:

en 1952 en Santa Maria/RS,
en 1952 en Florencio Varela, Argentina,
en 1966 en Liebfrauenhöhe, en Colonia y Monte Schoenstatt,
en 1967 en Dietershausen.

¿Dónde está lo original del Símbolo del Padre en Schoenstatt?

SantA MariaMientras el arte y la literatura cristiana hablan del ojo de Dios, nosotros acentuamos que éste es un ojo del Padre. Esta terminología expresa algo decisivo: está la misión de nuestro Padre y Fundador, y todos nosotros participamos de esa misión de anunciar la imagen de Dios como la imagen del Padre. El ojo de Dios no es el ojo de un juez severo, sino el ojo de un Padre. En una oportunidad nuestro Padre dijo en Brasil, que este ojo no es el de un “policía” que quiere capturarnos en delito flagrante. Es el ojo amoroso del Padre que contempla a su hijo querido. Y nos enseñó que debíamos vivir en esta pequeña verdad: “El Padre me ve, el Padre me ama, el Padre me necesita”.

El Padre me ve: “Creo que tienen que decirlo muchas veces. El me ve, él me conoce. El no me mira con ojos de fiscal o policía, sino con ojos de amigo, de Padre. Por eso nunca estoy solo… El me ve. Más todavía: ¨El no me ve de lejos. En me ve porque está cerca de mi, está conmigo. Recordemos: omnipresencia de Dios quiere decir: Dios está en todas partes, no sólo por ser quién es o su poder. Dios está más cerca de mí que el aire que respiro o el agua en la que estoy nadando. Donde yo estoy en todo o que quiero hacer, Dios, mi Padre, me ve. Si es verdad que El me ve, es verdad también que yo lo veo. Ambas moradas deben encontrarse constantemente. No es la mirada de los ojos, sino también del corazón” (J. Kentenich, Santa Maria, abril de 1948).

El Padre me ama. Dios es amor, su esencia es amor… Todo amor verdadero procede del Padre, el Padre nos ama siempre. No porque seamos buenos, perfectos, hermosos, sino porque El es Padre, porque grabó en nosotros los rasgos de su Hijo, Jesús. En cada uno de nosotros, El encuentra a su Hijo muy amado.

El Padre me necesita. Sí, aunque Dios es todopoderoso, no quiere actuar en el mundo sin nuestra colaboración. El nos hizo libres y no nos salvará si nosotros lo no queremos. El nos necesita para ir al encuentro del otro, para decirle que El lo ama. Dios necesita nuestra disponibilidad, de nuestro esfuerzo apostólico, de nuestro sacrificio “para completar en nosotros lo que falta a la pasión de Cristo”.

Esta pequeña frase “el Padre me ve, me ama, me necesita” es aplicable al buen Dios, pero también a la Madre de Dios y a nuestro Padre Fundador. Se trata de un lenguaje simbólico, característico del pensar orgánico, que une armoniosamente lo natural y lo sobrenatural, la idea de la vida, la causa primera (Dios) y la causa segunda (el hombro y toda la creación).

Como hijos de Schoenstatt: tenemos un Padre, una Madre y una misión. Y para esa misión, el Fundador nos necesita. Cada uno debería decir “yo soy Schoenstatt”. Nada en Schoenstatt debe suceder sin mi colaboración. Sí, la Madre de Dios y nuestro Padre Fundador nos necesitan a cada uno, éste el gran sentido del Capital de Gracias. Todo lo que hacemos lo colocamos en las manos de la Madre de Dios para Ella atraiga los corazones, los transforme y los lleve a Jesús.

Cierta vez, hablando de la Madre de Dios, el Padre Kentenich explicaba: “Ella nos ve como en un espejo. Ella no es omnipresente como Dios, pero en Dios Ella nos ve, nos acompaña y lo sabe todo de nosotros”. El mismo pensamiento puede ser aplicado a nuestro Fundador. En Dios, él nos ve, nos acompaña, sabe y quiere saber todo sobre de nosotros.

La Iglesia enseña que las personas que mueren, continúan su misión desde la eternidad. Nuestro Padre y Fundador, que recibió de Dios el carisma y la misión de su paternidad, continúa acompañando a sus hijos desde el cielo.

Cuando recibimos el símbolo de Dios Padre, creemos que, en él, nuestro Padre Fundador nos visita, viene a buscar nuestro capital de gracias y nuestro trabajo por Schoenstatt para el gran jubileo de la Alianza.

Nosotros no separamos al buen Dios de los hombres ni a los hombres del buen Dios. Nosotros los vemos como una unidad. Para que sea más fácil para nosotros creer en el amor de Dios Padre, Dios nos envió un transparente suyo: nuestro Padre y Fundador. En Dios, él nos ve. Podemos verlo también representado en el símbolo del Padre, encontrarlo en él y presentarle nuestro corazón. Podemos decir que por los ojos de nuestro Padre y Fundador, los ojos paternales de Dios nos contemplan.

Durante su vida, el Padre quería entregar a muchas personas el amor paternal de Dios infinitamente grande. Ahora, desde el cielo, independiente del espacio y el tiempo, él puede hacer esta tarea.

En todos los Santuarios, el ojo del Padre nos recuerda que nuestro Padre nos espera ahí, él quiere acogernos profundamente en su corazón y, junto con la Madre de Dios, transformarnos en hijos del Padre, libres y felices.

Texto: Hermanas de María

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